Páginas

miércoles, 28 de julio de 2010

Juicio a la golosina: culpable

El Gobierno declara la guerra al exceso de azúcar, sal o grasa - Los colegios retirarán bollos y refrescos - La industria denuncia la "criminalización" de sus productos - Los expertos apoyan el plan, pero creen que falta educación nutricional

MARÍA R. SAHUQUILLO

El Gobierno le ha declarado la guerra a las chucherías y los refrescos. El campo de batalla: los centros escolares públicos. Las patatas fritas, la bollería industrial y casi todas las bebidas refrescantes tienen los días contados en las cafeterías escolares y en las máquinas expendedoras de los patios. El Ministerio de Sanidad acordó ayer con las comunidades autónomas un plan para desterrar estos alimentos de los colegios, limitar el contenido calórico de los productos que los niños pueden comprar entre clase y clase y aunar criterios para elaborar los menús escolares. Medidas con las que tratan de frenar el aumento de la obesidad infantil, una epidemia que está llegando a niveles alarmantes en España, donde uno de cada cuatro niños padece sobrepeso u obesidad, según los datos de Sanidad. La patología se ha triplicado entre este grupo de población en los últimos 20 años y tiene graves implicaciones: un niño obeso será, con toda probabilidad, un adulto enfermo.

"Antes se combatía el hambre; ahora la sobrealimentación", dice una endocrina

"No hay alimentos buenos y malos, hay dietas correctas", dicen los fabricantes

Nutricionistas, pediatras y endocrinos consideran útil el plan del Gobierno. Eso sí, alertan: no servirá de nada si no va acompañado de políticas de educación y formación eficaces. "Los padres pueden mandar a los niños al colegio con una manzana y que luego ellos se compren en el cole una palmera de chocolate, una bolsa de patatas, un refresco... Lo que hay que hacer es educar al niño para que tenga conciencia de lo que come", dice Susana Monereo, jefa de Endocrinología del Hospital de Getafe, quien pone un ejemplo del problema: "Si no, no comerán golosinas en el colegio, algo que está muy bien, pero estarán deseando salir para comerlas. Hoy en día hay que defenderse de la sobrealimentación con tanta fuerza como nuestros antecesores se defendieron del hambre".

La industria alimentaria, sin embargo, no piensa lo mismo. El sector está que trina. Sus directivos se quejan de que se ha elaborado el plan sin contar con ellos. Algo que desmiente la propia ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, que asegura que la industria sí ha participado en la preparación del documento de consenso, y estaban al tanto de todo.

Sin embargo, una parte del sector alimentario considera las medidas de Sanidad simples y vacías. "Las propuestas no son útiles para prevenir la obesidad, este es un problema de salud pública multifactorial", expone Ana Escudero, secretaria general de la Asociación Nacional de Bebidas Refrescantes y Analcohólicas (Anfabra).

El plan, sin embargo, no establece sanciones para quienes no cumplan. Se puede considerar, pues, un conjunto de recomendaciones que todas las autonomías han acordado respetar. "No hay que tomar disposiciones ni normativas adicionales", aclaró ayer Jiménez. A pesar de esto, la industria lo percibe como un ataque directo. Criminalizan, dicen, sus productos. "No comprendemos que establezcan una diferenciación tan clara entre alimentos buenos y malos sin justificación", dice Escudero.

Su sector, el de los refrescos, será uno de los más perjudicados por la guerra que ha comenzado Sanidad. Las medidas acordadas ayer por el ministerio de Trinidad Jiménez y las comunidades en el Consejo Interterritorial de Sanidad limitarán de forma drástica estos productos en los colegios. Ni bebidas con cafeína u otras sustancias estimulantes (excepto las que están presentes de forma natural en el cacao, por ejemplo), ni aquellas que tengan edulcorantes artificiales (conocidas como light). En pocas palabras: "La práctica eliminación de los refrescos de los centros escolares", se queja Escudero, que asegura que estas bebidas representan sólo el 1% de las calorías que ingiere cada español al día, y que no son "en absoluto" la causa de la obesidad.

Pero el veto no se limita exclusivamente a los refrescos. También se restringirán los demás productos que se puedan comprar en colegios e institutos. Tanto en las máquinas expendedoras como en las cantinas: no podrá haber nada con más de 200 calorías, más de 0,5 gramos de sal ni, por supuesto, que lleve algún ácido graso trans (excepto los que tienen de forma natural los lácteos o productos cárnicos). Así, casi ningún bollo, bolsa de patatas, galletas (por sanas que se vendan) o aperitivo salado, que se encuentran ahora por doquier en estas máquinas o en las cafeterías, pasan el corte. En el recreo tocará comer, entonces, fruta, bocadillos no envasados -"Al estar compuestos de pan mayoritariamente no ofrecen un aporte excesivo de grasas, azúcares y sal", dice Sanidad- o zumos. Y mucha agua. Preferiblemente no embotellada, dice Sanidad.

A pesar de que las recomendaciones están claras y que el documento de consenso incluye un apartado de inspección y seguimiento en el que se dice que las comunidades velarán para que se cumplan "los criterios nutricionales establecidos", la ministra de Sanidad insistió en que no se trata de la prohibición de ningún alimento. "Solo se pone límite a la venta de determinados productos en base a las recomendaciones de los expertos para que los niños, que no tienen criterios nutricionales para determinar qué alimentos deben comer y cuáles no, no tengan acceso a ellos", dijo. Recomendaciones elaboradas, explicó, por los expertos de Sanidad junto a 11 sociedades científicas.

Un plan que la endocrinóloga Susana Monereo considera "positivo". "Contribuye a frenar el consumo desmedido de este tipo de alimentos hipercalóricos y con escaso aporte nutricional", dice. Monereo, sin embargo, sostiene que aunque son un gran paso, las medidas no son suficientes. "Las acciones aisladas no van a servir para nada, hay que unirlas a la formación y al estímulo del ejercicio. Debería haber una clase especial o integrada en otra en la que se enseñase a los niños a comer, donde aprendan hábitos nutricionales saludables", expone.

Porque el problema que trata de combatir Sanidad no es menor. El 17% de la población adulta y el 13,9% de los niños españoles son obesos, según el Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Obesidad y Nutrición (Ciber-Obn). Y las cifras no cesan de crecer. Tanto, que la Organización Mundial de la Salud ya ha bautizado esta patología como "la primera epidemia no vírica". Muchos no son conscientes aún de su gravedad. Pero la tiene y mucha. "La obesidad infantil es el problema más serio al que se enfrenta la sociedad moderna. De hecho, es la madre de todas las enfermedades, puerta de entrada hacia prácticamente todas", argumenta Monereo. "Un problema de salud pública grave", según Trinidad Jiménez.

Y es que esta patología suele ir acompañada o derivar en otras, como la diabetes. Otro dato nada desdeñable, esta vez económico: la obesidad representa, según el documento que presentó ayer la ministra de Sanidad, el 7% del gasto sanitario español, unos 2.500 millones de euros.

El catedrático de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Ciber-Obn Jesús Argente cree que las medidas de Sanidad llegan tarde. Ya en 2008 la Unión Europea pidió a España y al resto de países miembros que dejasen de vender en los centros educativos "alimentos y bebidas con alto contenido en grasas, sal o azúcar y con pobre valor nutricional". A pesar de la demora, dice Argente, como todo lo que se haga para frenar la obesidad infantil, las medidas son bienvenidas. Sin embargo, sostiene que el plan del Gobierno se queda "un poco cojo", y reclama que se analice el problema desde todos los ángulos.

"El paquete de medidas es una mala copia de lo que ya está instalado en Estados Unidos, donde el grueso de los Estados ya ha impedido la presencia en los centros escolares de estos alimentos de contenido calórico innecesario", comenta. "Falta un aspecto importantísimo, el elemento educativo, de nutrición en términos generales para cuando el niño esté solo. También pautas de ejercicio", sigue.

Pero para educar y concienciar, dice Sanidad, ya está la Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad, la conocida como Estrategia Naos. Un plan que para José Manuel Moreno, miembro del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, sin embargo, nunca terminó de cuajar. "De hecho, a la luz de las estadísticas, tampoco ha tenido buenos resultados", coincide el catedrático Jesús Argente. Moreno, como el resto de expertos, cree que las medidas de Sanidad serán eficaces acompañadas de otras. "Este plan simplemente da un paso más allá. Puede verse como una medida coercitiva, pero debe complementarse con una correcta aplicación de la Estrategia Naos", asegura.

Este plan, implantado en 2005, fomentaba la idea de que comer sano era comer bien y buscaba concienciar a la población de la importancia de hacer una actividad física regular. Ahora, según reconoce Roberto Sabrido, director de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, necesita actualizarse. Repensarse. Su agencia ya está trabajando con expertos para hacerlo y redactar una nueva a cuatro años, 2011- 2014.

La Estrategia Naos fue en su momento, y a diferencia de este nuevo plan, consensuada por la industria alimentaria. Un sector que critica ahora al Gobierno por traicionarle. "Están incumpliendo el consenso de la Estrategia Naos", asegura Horacio González Alemán, secretario general de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (Fiab). "En la Estrategia Naos se dice que no hay alimentos buenos y malos, solo dietas equilibradas o no. Algo que estas medidas contradicen proscribiendo determinados alimentos", esgrime el directivo, que reconoce que, además, en época de crisis todo lo que sea restringir las ventas, "en el canal que sea, no es bueno". El sector, además, argumenta que se ha "autocontrolado" para contribuir a frenar el problema. "Estamos reformulando productos, tenemos un pacto para limitar la publicidad de ciertos alimentos en horario infantil", dice el secretario general de Fiab.

Pero el plan acordado ayer no solo habla de bollos, refrescos y golosinas. También se ocupa de una parte muy importante de la alimentación de los niños: los menús de los comedores escolares. El 51% de ellos, explica Roberto Sabrido, es inadecuado. "No contiene las cantidades de pescado suficientes. Tampoco de frutas y verduras. Son, en definitiva, una muestra de lo que adolece la sociedad actual, que desdeña la rica dieta mediterránea", explica. Por eso, Sanidad y comunidades acordaron también criterios comunes para su elaboración. La priorización del aceite de oliva o de carnes con menor contenido en grasa -pollo, pavo, ternera-. El documento de consenso recomienda también limitar, por ejemplo, el uso de precocinados o de guarniciones fritas.

"La comida del mediodía debe suponer el 35% del consumo de calorías del día. Por eso no se puede dejar al libre albedrío", expone Sabrido. Los menús de los escolares -que deberán adaptarse a niños con necesidades especiales- se supervisarán, además, por titulados universitarios

El sobrepeso también puede causar problemas económicos

Una nueva investigación muestra los efectos “económicos” de los kilos de más. Los adultos que sufren de sobrepeso desde la secundaria tienen más probabilidades de estar desempleados o de vivir de la asistencia social que quienes fueron ganando peso gradualmente desde sus 20 o 30 años, según se desprende de un estudio publicado en el American Journal of Epidemiology. El informe mostró también que tienen más posibilidades de estar soltero a los 40 y de no contar más que con una educación secundaria.

“Es mucho lo que sabemos sobre la relación de la obesidad con los problemas de salud –indicó Philippa Clarke, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Michigan–, pero intentamos analizar las consecuencias sociales y económicas de estar con sobrepeso de forma permanente”.

Para el estudio siguieron de cerca durante dos décadas a 5.000 graduados secundarios. Los investigadores estudiaron dos grupos: los que tenían sobrepeso a los 19 y lo conservaron hasta llegar a la edad adulta, y los que tenían un peso normal al graduarse y fueron ganando kilos con el tiempo.

Los que mostraron sobrepeso constante fueron tres veces más proclives a tener problemas de salud crónicos (como diabetes o hipertensión) para los 40 años y un 50% más a recibir ayuda social.

Los investigadores descubrieron que la gente con padres de educación más baja era más proclive a engordar a una edad temprana. Y que quienes tenían sobrepeso de forma permanente experimentaban más penurias económicas que los que iban sumando kilos poco a poco. Además detectaron que las buenas notas en el secundario bajan el riesgo de un estudiante de tener sobrepeso de forma constante en la edad adulta, lo que sugiere que la escuela ofrece una oportunidad única para frenar los problemas de peso. “Que los chicos se sientan conectados con ella tiene su importancia” explicó Clarke, “lo que nos lleva a pensar que hay algo en el ambiente escolar que puede desviar a la gente de este elevado riesgo”.


27/07/2010

Fuente: Diario Clarín

viernes, 23 de julio de 2010

PARA NO ENGORDAR EN LAS FIESTAS

Especialistas en nutrición recomiendan estrategias y recetas para las comidas de Navidad y Año Nuevo.

Opciones saludables y con menos calorías para no excederse en las fiestas.

Justo a tiempo para evitar devorar en una sola noche esas diez mil calorías con las que fácilmente nos puede tentar una sabrosa y variada mesa en estas fiestas de fin de año, y tampoco excedernos con los brindis o las comidas con amigos, especialistas en nutrición afirman que existen trucos que pueden ayudarnos a lograrlo sin privarnos de aquello con lo que se nos hace agua la boca…

Organizar con tiempo qué se servirá en la mesa y calcular las cantidades por persona; darle prioridad a la reunión con familiares o amigos, en lugar de concentrar la celebración en la comida; no negarse los “gustos”, pero controlar el tamaño de las porciones; no saltearse comidas para “compensar” los excesos, y agregar caminatas que ayuden a sumar los 30 minutos o los diez mil pasos diarios recomendados son los ingredientes de una receta básica para superar las tentaciones y el descontrol.

“El ser humano está más cómodo con la monotonía y no con la variedad, que es lo que suele incluir las mesas en las Fiestas. Una regla fácil por seguir es que, dado que comemos lo que tenemos adelante, armemos menús variados para cada noche, pero con la menor variedad posible. Por ejemplo, se pueden preparar uno o dos tipos de carnes y algunas guarniciones, pero hay que evitar que cada comensal termine trayendo lo que quiere”, señaló la doctora Mónica Katz, codirectora del posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro.

Para la licenciada en nutrición Viviana Viviant, de la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas (Aadyn), en este tipo de celebraciones “calorías extra se incorporan sí o sí, aunque una persona se cuide”. Lo importante, al día siguiente, es “no ayunar ni hacer ninguna locura y seguir con la alimentación habitual, es decir,hacer las seis comidas diarias o empezar el día con una colación de media mañana si uno se despierta más tarde”.

Una encuesta de la consultora MindShare Argentina, realizada en julio último en seis países de América latina, demostró que el 66% de los argentinos celebra las Fiestas en su hogar y que el 31% lo hace en la casa de un familiar, la mayoría en reuniones con más de dos personas.

Pero ya sea en casa propia o ajena, las comidas consideradas infaltables en la mesa son de más a menos votadas: el pan dulce o pannetone, los turrones, las ensaladas, las frutas secas, los helados, el vitel toné, la ensalada de frutas, el pollo, el lechón y los chocolates y caramelos. Todo acompañado de champagne o sidra, como las bebidas que no pueden dejar de estar en el brindis.

Claro que, con estos datos, parece difícil que una persona en su peso y sin una actividad física programada extra a la de todos los días, se limite a consumir las 2200 calorías, las mujeres, o las 2500 calorías, los hombres, que se recomiendan por día para no engordar. Sin embargo, eso es posible si se organiza un menú con entrada, plato principal y postre que no supere las 600 calorías en total, con bebidas sin calorías o las medidas indicadas de alcohol, más una mesa dulce que acompañe el brindis, con no más de 900 calorías.

“No hay que prohibirse, sino ser flexible y darse gusto con moderación. Lo mejor es elegir lo que se desea comer y servirse en el plato, no de la bandeja, para reducir a la mitad el aporte calórico y disfrutar de todo el menú -explicó Viviant-. Hay que pensar que si uno tiene que bajar de peso, aquella sería la cantidad que debería comer en todo un día.”

En el caso de las bebidas, las aguas saborizadas, la soda, el agua, los jugos naturales y las bebidas dietéticas pueden ser buenos aliados para comer menos. El alcohol aporta calorías “vacías”, es decir, sin nutrientes. “Es bienvenido en las Fiestas, pero hay que recordar que fija las grasas, porque es el último combustible que usa el organismo”, explicó Katz, que dirige Fat-Fit. En una comida, agregó Viviant, dos medidas para las mujeres y tres para los hombres está permitido.

Si hay que organizar la cena en casa, calcular las porciones como si se estuviera preparando un catering sería lo más indicado. “Hay que ofrecer en la mesa platos servidos para cada uno, por ejemplo, con la misma cantidad de rodajas de vitel toné o de matambre -agregó Katz-. Quizá la parte dulce de la comida será doble, con el postre y la mesa dulce.” En este caso, agregó, una buena regla por tener en mente al preparar las delicias de la noche es incluir tres elementos básicos: agua, en frutas y gelatinas; aire, con la ayuda de batidos de clara a punto nieve o mousse, aunque no sean las versiones reducidas en calorías, y fibra. “Harán que comamos menos”, dijo Katz.

Si, en cambio, la reunión es en casa ajena, se puede llamar previamente para consultar qué habrá de comer y, si es necesario, ofrecer llevar ensaladas, tomates rellenos, carne o pollo frío y bebidas sin calorías. “Es aportar lo que les guste a todos, pero conociendo qué contiene”, indicó Viviant.

Si hay lechón, pollo al horno o a la parrilla y tira de asado, la nutricionista aconsejó preferir el pollo y acompañarlo con mucha ensalada, o una porción de asado (dos o tres huesos), que aporta unas 600 calorías. Y si no puede evitar la tentación de probar lechón, Viviant sugirió pedir una porción pequeña. Entre el asado y el vacío, explicó, mejor será degustar el vacío. Así que… éxito, buen provecho y ¡salud!

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

PELIGROS DE LA OBESIDAD EN LA ADOLESCENCIA

Abril 2, 2009

Ser un joven obeso o fumador habitual duplica el riesgo de muerte prematura.

CRISTINA G. LUCIO

MADRID.- El tabaco tiene peor imagen que el sobrepeso. Mientras que el cigarrillo es, para muchos, un símbolo claro de peligro para la salud; los kilos de más siguen sin provocar demasiado miedo a quienes los cargan. La realidad, como vuelve a poner de manifiesto otro estudio, es que ambos son un pasaporte igual de válido hacia la enfermedad.

Este trabajo, publicado en la edición ‘on line’ de la revista ‘British Medical Journal‘, muestra lo peligroso que resulta llevar hábitos de vida poco saludables en la juventud. Según sus datos, tanto ser un adolescente obeso como fumar más de 10 cigarrillos al día en esa época duplica las posibilidades de morir de forma prematura.

Los autores de este trabajo, miembros del Instituto Karolinska (Estocolmo, Suecia), llevaron a cabo un seguimiento a 45.920 varones suecos que, entre 1969 y 1970, habían pasado las pruebas para realizar el servicio militar.

Además de evaluar su peso, talla, índice de masa corporal y hábitos de consumo de tabaco, los investigadores siguieron la evolución de cada participante durante nada menos que 38 años; un tiempo durante el cual fallecieron un total de 2.897 hombres.

Medidas urgentes

La confrontación de los datos disponibles puso de manifiesto que la tasa de muertes era mucho mayor –se duplicaba- entre aquellos que presentaban obesidad o consumían más de 10 cigarrillos al día.

La mortalidad también era mayor entre los participantes presentaban sobrepeso o fumaban en menor medida, aunque la relación era menos significativa.

Para sorpresa de los investigadores, los individuos obesos que, además, fumaban, no presentaban, por el contrario, un índice de mortalidad mucho mayor que el del resto de sus compañeros.

Dado que su trabajo no ha podido esclarecer el porqué de esta paradoja, estos autores reclaman más estudios al respecto y recomiendan medidas inmediatas para frenar los altos índices de obesidad y tabaquismo que se registran en algunos países.

“En Suecia, el sobrepeso se ha triplicado y la obesidad se ha quintuplicado en varones adolescentes desde que se realizaron las primeras medidas para este estudio”, alertan.

Fuente: El Mundo Salud